domingo, 18 de octubre de 2015

La banalidad de la Cultura Ciudadana


Gran discusión ha generado por estos días tanto la adhesión de Antanas Mockus a la campaña de Enrique Peñalosa a la Alcaldía de Bogotá, cómo la manifestación de apoyo a Rafael Pardo de los que son considerados como los técnicos más cercanos del Mockusianismo, si cabe el término. Cada quien está en libertad de seguir, apoyar, adherir a quién mejor le parezca, de eso se trata en cierta forma la política. Lo que no deja de ser un poco estrambótico es la ingenuidad mezclada con narcisismo con la que se ha llevado esta discusión. La discusión se ha reducido a una pelea casi infantil, con el perdón de los niños, sobre quién es el verdadero vocero y quién o quiénes pueden encarnar de mejor forma la llamada cultura ciudadana.

Sin duda la primera Administración de Antanas Mockus marcó una inflexión en la forma de concebir la ciudad. Su estilo de gobierno, su propuesta de contenido, su pedagogía generó grandes transformaciones que han sido ampliamente estudiadas y documentadas. Antanas fue un fenómeno político irrepetible, y hago énfasis en eso para adelantar un poco la conclusión. La cultura ciudadana terminó siendo la careta con la cual se proclamaron muchas de sus transformaciones y políticas públicas, sirvió de liquido amniótico, de conductor de un gran número de transformaciones que dejaron atónitos a la mayoría de los bogotanos y a la totalidad de los políticos tradicionales. Es sorprendente el eco que generó este ‘modelo’ de gobierno y lo mucho que se ha documentado, tal vez solo es comparable con lo poco que se ha indagado sobre sus orígenes políticos.



Con bastante ligereza tanto críticos como defensores de la llamada cultura ciudadana parten de ella como si fuera una sustancia, un ser en si que generó las transformaciones de la ciudad y que se encarnaba en un individuo que promulgaba lo cívico contra lo cínico, el todos ponen o la cultura tributaria. Muy acorde con nuestra mente procolonialista necesitábamos un civilizado que nos salvara de seguir siendo barbaros en la ciudad, es así como se venden las transformaciones de aquella época. Es por esto que no deja de ser apasionante la discusión sobre ¿quién es el elegido?, ¿cuál será capaz de repetir el milagro?


Considero que no se le puede restar un ápice de protagonismo y autoría a Mockus por los cambios que se dieron en Bogotá en aquél entonces; pero mi hipótesis es que la transformación sustancial que se dio en ese momento fue mucho más de la Política, donde la cultura ciudadana viene a ser un mero instrumento de expresión y materialización, apenas una consecuencia de la efímera transformación política del momento, pero para nada su causa.


En efecto, el fenómeno que se presentó en su momento puede ser leído como una emergencia de la Política en sentido aristotélico y quizá incluso una partición de lo sensible en el sentido que lo expresa Jacques Rancière, veamos. Lo que realmente fue la potencia del primer gobierno de Mockus fue una afrenta a la politiquería, la corrupción y la ineficiencia, una recuperación de la política como el bien superior arrebatándosela de las manos a los transadores de la misma, es decir, concejales, ediles, congresistas e incluso gobierno nacional. Lo realmente innovador de ese gobierno no fue la cultura ciudadana, fue una ruptura con la politiquería, fue la instauración de la Política en el más amplio sentido del término. Por otro lado, ese acto de recuperación de la Política, de no transar, no negociar con los corruptos, pone de presente el litigio entre los que tradicionalmente habían ejercicio el mando en la ciudad, es decir los políticos profesionales y los que no, es decir los ciudadanos. Esa partición se hace evidente para los habitantes de Bogotá y es por esto que el llamado a las técnicas de la cultura ciudadana tiene una gigantesca respuesta en la gente. Por primera vez existía la sensación de que las personas podrían jugar un papel en la ciudad, un papel político así no se hiciera un ejercicio de racionalidad del mismo. Y es esta doble disposición: el poner el bien superior rompiendo con los mal llamados políticos y hacer evidente el litigio entre los representados y sus supuestos representantes, la que permite que el dispositivo de la cultura ciudadana sea la herramienta perfecta para generar esa dinamys y lograr así una activación política desde la ciudadanía.

Para cerrar tres conclusiones. Primero, ninguno de las candidatos encarna el supuesto legado de la cultura ciudadana ya que este no existe, la cultura ciudadana es un dispositivo banal si no tiene como correlato y activador una transformación de la Política. Segundo, antes de seguir discutiendo por esa banalidad, se echan de menos los análisis y las exigencias sobre si alguno de los candidatos esta dispuesto a las rupturas y los litigios que fueron condición para que el dispositivo de cultura ciudadana apareciera como correlato de la Política; yo de entrada creo que ninguno tiene esa capacidad, todos, incluyendo al ungido, son parte orgánica de aquello que abría que romper. En tercer lugar, es posible que los guiños sumen o resten votos, pero al final en Bogotá hace rato que perdimos el milagro de hacer una verdadera Política, es decir, antes de que cualquiera gane el domingo, ya perdimos todos.


jueves, 12 de febrero de 2015

Un día en la ciudad más violenta del mundo



 Carlos Córdoba
@CorbodCarlos

Por aquellas cosas del azar, dio la casualidad que me encontraba en Honduras cuando salió el reporte de la Fundación Seguridad, Justicia y Paz que ubicaba a San Pedro Sula como la ciudad más violenta del mundo por cuarto año consecutivo. De hecho el día que salió el informe, debía desplazarme por tierra de Tegucigalpa a San Pedro. No puedo negar que la coincidencia me generó cierto nerviosismo y que este se incrementó al llegar a San Pedro ya entrada la noche. Vergonzosamente tengo que confesar que incluso me llegué a imaginar retenes de Maras custodiando la ciudad o alguna de esas escenas urbanas post apocalípticas a las que ya nos tiene acostumbrados Hollywood. Provengo de un país donde lamentablemente estamos acostumbrados a la violencia homicida, pero tener el “mote” de ser la ciudad más violenta del mundo con 171,2 homicidios por cada 100 mil habitantes, pues deja mucho campo a la imaginación.


Con profunda satisfacción comprobé que San Pedro no solo no es una ciudad apocalíptica, sino que es una pujante metrópoli que  lidera el norte de Honduras y le da mucho dinamismo a la economía, en especial a la manufactura y el comercio. La Zona Metropolitana del Valle de Sula genera más del 55% del PIB de Honduras y el 40% de las exportaciones del país. Se calcula que por lo menos el 80% de la industria manufacturera del país se encuentra ubicada en esta región. San Pedro además cuenta con un empresariado dinámico donde se destacan gremios como la Cámara de Comercio y la Asociación de Maquiladores. El valle agrupa a 15 municipios, que en su conjunto esta por encima de los 2 millones de habitantes. San Pedro es una ciudad plana, con muy buenas calles, una bonita estética urbana y con algo de aire de ciudad gringa.


Pero entonces ¿por qué esta ciudad sigue encabezando el ranking de violencia en el mundo? Los Sanpedranos, los expertos y el Gobierno tienen varias explicaciones que voy a tomar como hipótesis, algunas son de tipo técnico en la medición, otras políticas y otras evidentemente de orden público y economía ilegal.

1.     La cifra se infla con los datos de otras ciudades: Este argumento en parte es cierto. La débil infraestructura pública hospitalaria en las ciudades cercanas obliga a que muchos de los heridos sean trasladados a San Pedro para ser atendidos y allí fallecen algunos. Visité el Hospital Mario Catarino Rivas, principal hospital público de la ciudad y efectivamente pude constatar que llevan pacientes, y para el tema que nos interesa, heridos con armas de fuego y armas blancas, de varias de las ciudades aledañas. Adicionalmente los registros de procedencia no son tan claros lo cuál eventualmente infla la cifra, aunque falta investigar hasta donde.
2.     San Pedro es un punto de negocios del narcotráfico: Esta hipótesis tiene mucho sentido, San Pedro se ha convertido en un sitio de cierre de negocios, donde los narcotraficantes mexicanos y colombianos se encuentran para hacer transacciones, muchas no salen tan bien y la violencia homicida esta a la orden del día.
3.     Las Maras no ceden: Desde que apareció este fenómeno en Centro América no ha dejado de ser el dolor de cabeza para las políticas de seguridad. Efectivamente San Pedro ha tenido que lidiar con la guerra de pandillas que se disputan territorios, negocios de extorsión y distribución de droga.Estas guerras son muy violentas y generan un buen número de homicidios aunque no tanto como en Tegucigalpa.
4.     Una combinación de las dos anteriores: Con el infortunado auge del negocio del narcotráfico en México y Centro América, los narcotraficantes han venido conformando sus pequeños ejércitos de sicarios y han encontrado en algunos Maras activos el recurso humano necesario, esto por supuesto va unido al tema de la extorsión, en algunos casos secuestro, transporte de droga, etc.

Honduras esta comenzando a salir de un gran desprestigio que tuvieron sus fuerzas de policía y al parecer esta avanzando en una política nacional de seguridad urbana, aunque de manera muy lenta. Falta mucha investigación y mejores análisis para ver qué está sucediendo en materia de seguridad en estas ciudades. Las organizaciones de la Sociedad Civil y los gremios económicos de San Pedro confían en que las cifras se aclaren y que puedan dejar de tener ese “honroso” primer puesto.


Pero para cerrar menciono dos cosas que han hecho bien en Honduras y que no soy capaz de entender cómo no se han resuelto en Colombia. Primero, obligaron en serio a las compañías de celular a que desactivaran los teléfonos robados, esto redujo de manera exorbitante el robo de móviles y llevo casi a cero los asesinatos por este delito. Segundo, las señales de celular en las cárceles están bloqueadas, lo cuál hizo desaparecer las llamadas de extorsión que se hacían desde estos establecimientos. ¿Por qué diablos en Colombia no se hace eso?, es una solución tecnológica relativamente sencilla que salvaría muchas vidas.  No deja de ser un poco vergonzoso que el penúltimo país en desarrollo en América Latina haya resuelto eso fácil, y que en la "economía que más crece", todavía estemos enterrando muertos y pagando extorsiones cuando se pueden evitar.


lunes, 25 de agosto de 2014

Las ciudades de Cortázar



@CordobCarlos

Nada distinto se me ocurre para conmemorar los 100 años del nacimiento de Julio Cortázar que hablar de su relación con las ciudades. Cuando dictaba mi seminario de ciudad en la Universidad Nacional tenía un juego en la primera clase con los estudiantes en el que yo decía una ciudad y ellos tenían que decir un autor o viceversa. Hay una relación grande entre los autores y las ciudades, difícil pensar en Hemingway sin la Habana, Joyce sin Dublín, Bukowski sin Los Ángeles, Amado sin Bahía y Bolaños sin el DF, solo por poner algunos ejemplos. En estos mismos ejemplos es obligado hablar de la relación de Cortázar con París. “El París de Cortázar” es un término bastante común entre los seguidores de su obra, y especialmente de Rayuela, ya que no es toda la ciudad la que aparece en sus novelas y cuentos, no son ni sus grandes monumentos ni sus majestuosas joyas arquitectónicas, no es Notre Dame, que apenas si es mencionada. Son sobre todo las calles y los cafés por los que deambuló Oliveira, la Maga y los miembros del Club de la Serpiente.
No es nada más, un viejo teatro al que Horacio llega deambulando y conoce a Berthe Trépat y la rivera del Sena donde el mismo Horacio termina compartiendo un botella con la clocharde Emmanuèle  y de paso ganándose la deportación a Buenos Aires.

El resto son las calles, muchas de ellas en el barrio latino, la principal la Rue de Seine, en especial su conexión a través del arco con la Quai de Conti.
Allí empieza Rayuela y pareciera que desde allí todas las calles son las mismas. La vidriera sobre la rue Monsieur le Prince, el café Bonaparte en la calle que lleva el mismo nombre, la rue Tournefort o la rue du Sommerard, por todos y cada uno de esos lugar los que deambulan bien puede ser la Maga con su inocencia y candidez que pueden llevar del amor a la exasperación en ida y vuelta con mucha facilidad, o bien sea Horacio Oliveira quien tiene una relación tan ambigua con los lugares que por un lado es difícil describirlos sin su presencia, pero a la vez bien podría estar en las antípodas del mundo y su existencialismo: “a Horacio le duele el mundo”, sus preguntas: ¿A vos no te pasa que te despertás a veces con la exacta conciencia de que en ese momento empieza una increíble equivocación?, su particular concepción del mundo hace que en un momento el lector pierda interés por el entorno.
Es difícil pensar Rayuela sin París, pero para los que la leímos y luego conocimos la ciudad, es imposible imaginar a París sin Rayuela.

Por su puesto no fue su única ciudad. La mitad de la novela ocurre en Buenos Aires, pero allí la ciudad se hace escurridiza, ni las calles, ni los cafés, ni la ciudad como tal es parte de la novela. Allí empiezan a emerger los demonios que París guardó, allí la calle más emblemática es la que sirve de escenario al enfrentamiento entre Horacio y Traveler con Talita como mensajera y una bolsa de yerba mate como trofeo de guerra en el capítulo 41. Este fue el primer capitulo de Rayuela que escribió Cortázar, la celebre discusión de los tablones. En Buenos Aires Rayuela se recoge en los espacios internos, en el circo con el gato calculista, en el manicomio con el viejo que pide que maten el perro, en el cuarto de Horacio donde prepara las trampas de guerra contra Traveler, el más grande de sus amigos.

El libro de Manuel volverá a tener a París como escenario, Los premios suceden en un Barco de América a Europa, 62 modelo para armar transcurre entre Paris y Londres.
En los cuentos nos topamos con varias ciudades, muchos suceden en Buenos Aires como Carta a una señorita en París donde el personaje deja salir conejitos vivos de su boca “Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires”, otra vez Londres en Instrucciones para John Howell. Hasta hay uno que sucede en una ciudad de otro planeta: De la simetría interplanetaria, donde el protagonista es llevado a faros y presencia el asesinato de lo que podría ser el Jesucristo farense: “Apenas desembarcado en el planeta Faros, me llevaron los farenses a conocer el ambiente físico, fitogeográfico, zoogeográfico, político-económico y nocturno de su ciudad capital que ellos llaman 956

Cortázar viajó mucho a América en sus años de apoyo a las causas socialistas. La Habana,
Managua, Santiago, Buenos Aires e incluso ciudades de Norteamérica, nació por equivocación en Bruselas, creció en Banfield, fue profesor en Chiclayo, conoció y disfrutó Buenos Aires, pero su ciudad, su gran ciudad fue París, de eso no puede quedar la menor duda. ¿Cómo la entendía?, ¿qué significaba para él?  La aseveración que Gregoroviua deja en el aire en el capítulo 26 da una pista: “En el fondo París es una enorme metáfora” Pero su vivencia y su relación con esta hermosa ciudad tal vez este mejor descrita en la carta que la Maga le escribe a Rocamadour en el Capítulo 32:
“Es así Rocamadour: En París somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Grevorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freímos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o una gotera, llueve muchísimo aquí… Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en los que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en París…”



Esa París donde todo el mundo es sucio y hermoso es la ciudad que lo aceptó y en la que él decidió que nacieran y crecieran sus personajes, sus filias y sus amores, es la ciudad que lo vio crecer como escritor y fue testigo de este enormísimo cronopio en el que se convirtió, es la ciudad que se resigno a que Cortázar tuviera una imposibilidad ontológica en aceptar la realidad tal y como es, su realidad siempre fue otra. 100 años después de su nacimiento, no me deja de dar un poco de envidia y añorar que ojala algún día uno pueda relacionarme y vivir con una ciudad como Cortázar vivió con París.